Es que Dios ha hecho al mundo, pero ha querido ponerlo en manos de los hombres para que lo perfeccionen y desarrollen.
Por eso es preciso que los hombres cobren conciencia de esta su responsabilidad: que Dios no harĂ¡ por sĂ lo que ha determinado hacer por los hombres.
LlĂ©nate, pues, de coraje; sumĂ©rgete en tu tiempo; fĂ³rmate apĂ³stol.
QuizĂ¡ tĂº no puedas contribuir a que el mundo se desarrolle y perfeccione en el campo de la medicina o de la electrĂ³nica; pero sĂ puedes contribuir en el campo de la justicia, de la verdad, de la bondad.
FĂ³rmate apĂ³stol y se te abrirĂ¡n caminos para tu apostolado y llegarĂ¡ la paz con su sonrisa y el amor se difundirĂ¡ para todos como un rĂo de amplias orillas; y habrĂ¡ un mundo mejor, mĂ¡s perfecto, mĂ¡s justo; y tĂº habrĂ¡s colaborado con Dios en su obra creadora.
“Yo he sido constituido heraldo y apĂ³stol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad” (I Tim, 2, 7).
Piensa si tĂº tambiĂ©n has sido constituido por Dios en apĂ³stol de tus hermanos, que esperan de ti la luz de la fe.
Piensa si tĂº, como el apĂ³stol, “para el servicio del Evangelio has sido constituido heraldo, apĂ³stol y maestro” (II Tim, 1, 11).
