En versos anteriores vemos como Dios habla cara a cara con MoisĂ©s, ¿es esto una contradicciĂ³n? ¿no es que nadie podĂa ver su rostro?. La clave de este verso no estĂ¡ en lo que veĂan los ojos fĂsicos de MoisĂ©s,
sino en lo que estaba pasando en la relaciĂ³n: “Y hablaba JehovĂ¡ a
MoisĂ©s cara a cara, como habla cualquiera a su compañero”. Juan en el
capĂtulo 1 de su evangelio nos dice: “A Dios nadie le vio jamĂ¡s; el unigĂ©nito Hijo, que estĂ¡ en el seno del Padre, Ă©l le ha dado a conocer”.
Esta es la belleza del evangelio, el Dios que para muchos estĂ¡ lejano, en Cristo es cercano. Él se nos ha revelado y nos ha llamado para si, no para estar lejos sino para estar cercano, para poner su EspĂritu en nosotros y adoptarnos como hijos. Esa es nuestra oraciĂ³n, y de eso trata este canto, de ver a Dios en lo Ăntimo, de tener una relaciĂ³n cercana. AsĂ como los que vieron la gloria de Dios cayeron rendidos en adoraciĂ³n, asĂ nosotros caigamos rendidos ante la majestad de Dios. Que nuestra voluntad se doblegue ante la suprema voluntad de Dios, porque se trata de Él y todo es para Él.
Esta es la belleza del evangelio, el Dios que para muchos estĂ¡ lejano, en Cristo es cercano. Él se nos ha revelado y nos ha llamado para si, no para estar lejos sino para estar cercano, para poner su EspĂritu en nosotros y adoptarnos como hijos. Esa es nuestra oraciĂ³n, y de eso trata este canto, de ver a Dios en lo Ăntimo, de tener una relaciĂ³n cercana. AsĂ como los que vieron la gloria de Dios cayeron rendidos en adoraciĂ³n, asĂ nosotros caigamos rendidos ante la majestad de Dios. Que nuestra voluntad se doblegue ante la suprema voluntad de Dios, porque se trata de Él y todo es para Él.
