Se dice que estamos en el siglo de las revoluciones, pero se olvida que la gran revoluciĂ³n la hizo en el mundo hace veinte siglos Jesucristo.
No suele ser muy respetuosa la intenciĂ³n de los que afirman que JesĂºs fue el gran revolucionario; pero la realidad es que se confunden dos clases muy distintas y aun opuestas de revoluciĂ³n.
Hay una revoluciĂ³n que busca el cambio, por el camino del odio, de la violencia, de la guerra, de la destrucciĂ³n, de la muerte; no es Ă©sa la revoluciĂ³n que nos trajo Cristo.
En cambio hay otra revoluciĂ³n, que tambiĂ©n busca el cambio, pero mĂ¡s profundo: no sĂ³lo de estructuras o regĂmenes, sino del interior del hombre; quiere un hombre nuevo, en el que reine el amor, la justicia, la caridad, la paz, las buenas relaciones humanas; un hombre con un corazĂ³n grande, sencillo, limpio, tierno y compasivo que sepa perdonar, comprender, ayudar, en una palabra: amar.
“En esto consiste el amor: en que vivamos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento, como lo habĂ©is oĂdo desde el comienzo: que vivĂ¡is en el amor” (II Jn 6).
En el amor estĂ¡ comprendida toda la ley.
No suele ser muy respetuosa la intenciĂ³n de los que afirman que JesĂºs fue el gran revolucionario; pero la realidad es que se confunden dos clases muy distintas y aun opuestas de revoluciĂ³n.
Hay una revoluciĂ³n que busca el cambio, por el camino del odio, de la violencia, de la guerra, de la destrucciĂ³n, de la muerte; no es Ă©sa la revoluciĂ³n que nos trajo Cristo.
En cambio hay otra revoluciĂ³n, que tambiĂ©n busca el cambio, pero mĂ¡s profundo: no sĂ³lo de estructuras o regĂmenes, sino del interior del hombre; quiere un hombre nuevo, en el que reine el amor, la justicia, la caridad, la paz, las buenas relaciones humanas; un hombre con un corazĂ³n grande, sencillo, limpio, tierno y compasivo que sepa perdonar, comprender, ayudar, en una palabra: amar.
“En esto consiste el amor: en que vivamos conforme a sus mandamientos. Este es el mandamiento, como lo habĂ©is oĂdo desde el comienzo: que vivĂ¡is en el amor” (II Jn 6).
En el amor estĂ¡ comprendida toda la ley.







