Un minuto con Dios

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“Felices los que son perseguidos por practicar la jus­ticia, porque a ellos les pertenece el Reino de los cielos”.

No será lo mismo “ser perseguidos por la justicia” que “ser perseguidos por practicar la justicia”.

A diario se nos presentan cien y mil ocasiones de practicar la justicia; siempre que cumplimos con un deber para con nuestros prójimos, estamos haciendo un acto de justicia, reconociendo su derecho y respe­tándolo; siempre que somos fieles a nuestra conciencia, estamos siendo justos y practicando la justicia, pues no hay mayor mal que podamos hacer a los demás que ser infieles a nuestros compromisos o a nuestras obligaciones.

Respetemos las leyes, respetemos los reglamentos, res­petemos las costumbres sanas; todo eso redundará en bien común, aunque a primera vista parezca que algu­no pueda padecer alguna consecuencia de nuestra fide­lidad al deber.

“Convertíos porque el Reino de los cielos está cerca”.
Esto es lo anunciado por el profeta Isaías, cuando dice: «Voz que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, rectificad sus sendas»” (Mt, 3, 3).

Lo torcido no es de Dios: lo torcido en las intenciones, en las ideas, en los sentimientos, en las obras; solamente lo recto lleva a Dios.

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