Un minuto con Dios

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Es una buena costumbre iniciar el día ofreciendo a Dios todas las obras; te propongo esta sencilla oración, que puede resumir tus sentimientos más profundos:

“Señor, al comenzar este nuevo día te ofrezco las penas y alegrías, los trabajos y dificultades, las horas de diversión y de trabajo.

Acéptalas, Señor, por los oprimidos, por los que su­fren, por los que tienen hambre y frío.

Sobre todo, Señor, por aquellos que de una u otra manera necesi­tan ser liberados de la opresión de sus propias pasiones.

Danos a todos un corazón noble y generoso, grande como el horizonte, indómito para la injusticia y la men­tira, sediento de infinito, a fin de colaborar en la cons­trucción de un mundo mejor”

Sencilla oración que puede tener la virtualidad de hacerte pasar tu día con más fecundidad.

“Deben los fieles conocer la intima naturaleza de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la gloria de Dios. Incluso en las ocupaciones seculares deben ayudarse mutuamente a una vida más santa, de tal manera que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz” (LG, 36).

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