Si el hombre lleva a Dios consigo, no puede llevarlo tan oculto que
no le aparezca; ese Dios Ăntimo, que penetra hasta lo mĂ¡s recĂ³ndito de
su ser, debe salir a su exterior.
Y asĂ ese Dios harĂ¡ que cuando el hombre tome conciencia de las maravillas de su vida la convierta en una vida de maravillas.
Maravillas de gracia y de amor; maravillas dee generosidad y de entrega; maravillas de donaciĂ³n y de ofrenda; maravillas de consagraciĂ³n y de comuniĂ³n.
ComuniĂ³n con Dios y con los demĂ¡s hombres; comuniĂ³n con la naturaleza y con todo el cosmos. Con ese cosmos exterior que los rodea y con ese cosmos Ăntimo que vive en su interior.
El hombre, asĂ, se habrĂ¡ convertido en un ser de profundidad, de dimensiones mĂºltiples; asĂ llegarĂ¡ a ser el constructor de sĂ mismo y el hacedor de un nuevo mundo, de un nuevo estado de cosas, en el que reine el orden y la jerarquizaciĂ³n de los valores.
“ConfĂa en YahvĂ©h de todo corazĂ³n y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconĂ³cele en todos tus caminos y El enderezarĂ¡ tus sendas… Porque YahvĂ©h reprende a aquel a quien ama, como un padre al hijo querido” (Trov, 3, 5-12).
Debes prestar atenciĂ³n a los planes de Dios sobre ti: descubrirlos y cumplirlos; nunca le arrepentirĂ¡s de ponerte en las manos de Dios.
Y asĂ ese Dios harĂ¡ que cuando el hombre tome conciencia de las maravillas de su vida la convierta en una vida de maravillas.
Maravillas de gracia y de amor; maravillas dee generosidad y de entrega; maravillas de donaciĂ³n y de ofrenda; maravillas de consagraciĂ³n y de comuniĂ³n.
ComuniĂ³n con Dios y con los demĂ¡s hombres; comuniĂ³n con la naturaleza y con todo el cosmos. Con ese cosmos exterior que los rodea y con ese cosmos Ăntimo que vive en su interior.
El hombre, asĂ, se habrĂ¡ convertido en un ser de profundidad, de dimensiones mĂºltiples; asĂ llegarĂ¡ a ser el constructor de sĂ mismo y el hacedor de un nuevo mundo, de un nuevo estado de cosas, en el que reine el orden y la jerarquizaciĂ³n de los valores.
“ConfĂa en YahvĂ©h de todo corazĂ³n y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconĂ³cele en todos tus caminos y El enderezarĂ¡ tus sendas… Porque YahvĂ©h reprende a aquel a quien ama, como un padre al hijo querido” (Trov, 3, 5-12).
Debes prestar atenciĂ³n a los planes de Dios sobre ti: descubrirlos y cumplirlos; nunca le arrepentirĂ¡s de ponerte en las manos de Dios.

