Todo templo tiene un altar; no serĂa templo sin el altar; el templo es para cobijar el altar.
Pero es que en nuestra vida debemos tener un altar, allĂ en lo mĂ¡s recĂ³ndito del alma, guardado con todo respeto y veneraciĂ³n, y orientando hacia Ă©l todas las acciones del cotidiano obrar.
Frente al altar cabe una postura de entrega y de brazos abiertos. De labios en flor, que se abren a besos, a canciones y a rezos.
El beso al altar es palabra caliente de agradecimiento sincero; ese altar Ăntimo de tu alma debes besarlo con iteraciĂ³n intensa, por cuanto en Ă©l estĂ¡ tu Dios, en Ă©l se manifiesta la bondad de tu Dios, que te sigue dĂa a dĂa, momentos tras momentos, pensando en ti, llamĂ¡ndote, esperĂ¡ndote.
Has de besar esa mano de Dios extendida a ti, esa ara sacral en la que has de ofrendar tus sacrificios.
Todo es de Dios y todo es para Dios; y todo eso lo debes ofrecer asĂ: con sonrisas, con rezos, con cantos e himnos de alabanza, con canciones y besos de gratitud y de amor reconocido y profundo.
“HarĂ¡s tambiĂ©n un altar, para quemar el incienso. .. Cosa sacratĂsima es el altar en honor de YahvĂ©h” (Ex, 30, 1-10).
El altar en el que dĂa a dĂa debes ofrecer tu holocausto al Señor, ha de ser la mesa de tu trabajo, tu escritorio, tu herramienta, tu torno, tu cocina, tu mesa de planchar, etc. Todo debe ser ofrenda al Señor, ofrecida en todo lugar y en todo momento.
Pero es que en nuestra vida debemos tener un altar, allĂ en lo mĂ¡s recĂ³ndito del alma, guardado con todo respeto y veneraciĂ³n, y orientando hacia Ă©l todas las acciones del cotidiano obrar.
Frente al altar cabe una postura de entrega y de brazos abiertos. De labios en flor, que se abren a besos, a canciones y a rezos.
El beso al altar es palabra caliente de agradecimiento sincero; ese altar Ăntimo de tu alma debes besarlo con iteraciĂ³n intensa, por cuanto en Ă©l estĂ¡ tu Dios, en Ă©l se manifiesta la bondad de tu Dios, que te sigue dĂa a dĂa, momentos tras momentos, pensando en ti, llamĂ¡ndote, esperĂ¡ndote.
Has de besar esa mano de Dios extendida a ti, esa ara sacral en la que has de ofrendar tus sacrificios.
Todo es de Dios y todo es para Dios; y todo eso lo debes ofrecer asĂ: con sonrisas, con rezos, con cantos e himnos de alabanza, con canciones y besos de gratitud y de amor reconocido y profundo.
“HarĂ¡s tambiĂ©n un altar, para quemar el incienso. .. Cosa sacratĂsima es el altar en honor de YahvĂ©h” (Ex, 30, 1-10).
El altar en el que dĂa a dĂa debes ofrecer tu holocausto al Señor, ha de ser la mesa de tu trabajo, tu escritorio, tu herramienta, tu torno, tu cocina, tu mesa de planchar, etc. Todo debe ser ofrenda al Señor, ofrecida en todo lugar y en todo momento.


