Su simbolismo, pictĂ³rico de significado, nos estĂ¡ recordando que debemos ser luz para el mundo, para ese mundo que anda entre tinieblas, tinieblas que son de error y de maldad, maldad que se esparce por las cuatro latitudes, latitudes que deberĂ¡n ser renovadas por el hombre cristiano, hombre cristiano que ha de ser un cielo desbordante de luz.
La luz de la vela es un grito de vida espiritual; es una lengua que pregona la venida del Salvador, que fue “la luz del mundo”.
Esa dĂ©bil luz de la vela, ese dĂ©bil resplandor, tapado por el chorro potente de los modernos reflectores, estĂ¡ indicando que, en medio de todo este mundo dinĂ¡mico, aplastador, desbordante, hay que saber descubrir la luz de la fe, que es un canto de gozo y de triunfo sobre todas las limitaciones humanas; luz que es mensajera de un mundo inmaterial de paz y de amor.
“Llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarĂ¡n al Padre en espĂritu y en verdad, porque asi quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espĂritu y los que le adoran, deben adorarle en espĂritu y en verdad” (Jn, 4, 23-24).velas

