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25 febrero 2017

Ayer soñé que podía y hoy puedo

De mi madre aprendí que nunca es tarde, que siempre se puede empezar de nuevo.

 Ahora mismo le puedes decir: ¡basta! a los hábitos que te destruyen, a las cosas que te encadenan, a la tarjeta de crédito, a los noticieros que te envenenan desde la mañana, a los que quieren dirigir tu vida por el camino perdido. Ahora mismo le puedes decir basta al miedo que heredaste, porque la vida es aquí y ahora mismo.

 Que nada te distraiga de ti mismo, debes estar atento porque todavía no gozaste la más grande alegría, ni sufriste el más grande dolor. Vacía la copa cada noche para que Dios te la llene de agua nueva en el nuevo día. Vive de instante en instante porque eso es la vida. Me costó muchos años llegar hasta aquí, ¿cómo no gozar y respetar este momento?

 Se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupas tanto? No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra. En la tranquilidad hay salud, como plenitud dentro de uno.

 Perdónate, acéptate, reconócete y ámate, recuerda que tienes que vivir contigo mismo por la eternidad, borra el pasado para no repetirlo. No culpes a tus padres por haberte tratado como te trataron, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.

 Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo. Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante, pero no digas no puedo ni en broma porque el inconsciente no tiene sentido del humor, lo tomará en serio y te lo recordará cada vez que lo intentes.



 Si quieres recuperar la salud, abandona la crítica, el resentimiento y la culpa, responsables de nuestras enfermedades. Perdona a todos y perdónate, no hay liberación más grande que el perdón, no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica que te hace juez (agotadora y vana tarea) y cómplice de lo que te disgusta. Culpar a los demás, es no aceptar la responsabilidad de nuestra vida, es distraerse de ella.

 El bien y el mal viven dentro tuyo, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse. Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano.

 No te quejes, recuerda que naciste desnudo, entonces ese pantalón y esa camisa que llevas ya son ganancia. Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida. Libérate de la ansiedad, piensa que lo que debe ser será, y sucederá naturalmente.

 Facundo Cabral

La “excusitis”

La “excusitis”

¿Han oído hablar de la “Excusitis”? Es una enfermedad endémica que se agrava si no es atacada a tiempo.

Si no se erradica, termina causando dos enfermedades aún más graves: la “Desmoralitis” y la “Fracasitis”.

Definición de la enfermedad: Se manifiesta con agudos ataques de excusas surtidas (las excusas son las mentiras con que queremos convencernos a nosotros mismos para no hacer algo, o para evadir responsabilidades ante la vida.)

Frases típicas” de esta enfermedad son:

“NO TENGO TIEMPO”.

¿Para qué mentir? Muchas veces es lo mismo que decir “no tengo ganas”. Es curioso que la gente más ocupada es justamente la que encuentra a veces más tiempo para hacer otras cosas.

“MI SALUD NO ME ACOMPAÑA”.

¿Está seguro? Piense en los grandes hombres y mujeres de la historia que podrían haber usado esta excusa para no hacer lo que hicieron.

“NO TENGO EDAD PARA ESO”.

Si no tuvo la edad a los 20, tampoco la va a tener a los 40. Hay
jóvenes de 70 años y viejos de 30.

Solamente es demasiado tarde cuando usted piense que es demasiado tarde….
“ME FALTA CAPACIDAD” .

¿No será más bien que le falta constancia? Porque la constancia, la perseverancia, es el 90% de lo que después llamamos “habilidad”. La gracia es hacer trabajar más la inteligencia o capacidad que tiene.

“TENGO MALA SUERTE”.

¿De veras lo ha intentado? No busque Ud. suerte si no ha habido planificación, optimismo, lucha. Las dificultades hay que aprovecharlas para aprender, y los fracasos como lección para empezar de nuevo.



“TENGO MIEDO”.

La indecisión y el aplazamiento de las decisiones lo hacen crecer. No hay que dilatar inútilmente lo que Ud. sabe que tendrá que enfrentar tarde o temprano.

Hable con esa persona, vaya donde tiene que ir, tome esa decisión de una vez. Se sacará un peso de encima y adquirirá nueva confianza en Ud. mismo(a).

La próxima vez que sea víctima de esta enfermedad y quiera usar una excusa de éstas, piense primero….”¿A quién quiero engañar?”

La alegría y la tristeza

La alegría es la tristeza desenmascarada y el pozo del que brota nuestra risa, es el mismo que colma nuestras lágrimas.

Mientras más hondo cava el dolor dentro de nosotros y más profunda se hace nuestra herida, más cabida habrá para nuestro gozo, más espacio habrá para la alegría.

 Cuando estés feliz mira profundo en tu corazón y verás que lo que te causó dolor ahora te da alegría.

 Si estás triste, mira en tu corazón y verás que lloras por lo que fue el motivo de tu felicidad.

 La alegría y la tristeza son inseparables, y cuando una está sentada a tu mesa la otra, está dormida en tu lecho.

 Sólo cuando vivimos alegrías y tristezas podemos estar quietos, en equilibrio, en paz.

 Kalil Gibrán

24 febrero 2017

¿Qué hay después de la muerte?

Parece que no hay nada. En realidad, no es posible discernir en un muerto ningún elemento inmaterial de supervivencia que pudiera escapar al proceso de descomposición. ‘No encontré el alma bajo mi escalpelo’, decía Glande Bernard. Casi no se la encuentra tampoco en el discurso religioso, tan imprecisa y poco localizable es esta noción en el ser humano. Se renunció al mismo tiempo a la fantasía medieval del ‘cielo’, lugar donde las almas bienaventuradas se movían alrededor de Dios agitando perezosamente palmas y entonando cánticos, actividad monótona de la cual Descartes temía cansarse.

 La Iglesia misma parece vacilante sobre este capítulo, puesto que, por un lado, invita a la esperanza en ese cielo, mientras que, por otro lado, invoca sobre los difuntos la gracia del ‘descanso eterno’. Hoy tenemos una religión mucho más razonable, que prefiere dedicar sus fuerzas a hacer sobre esta tierra ese ‘mundo mejor’ que antiguamente se situaba en los cielos”.

Sin embargo, Cristo dijo: “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. ¿Quién los consolará si no es él, y cómo serían consolados sin aquellos a los que amaron?
Las objeciones no se sostienen.
— “Siglo de las manos”, decía Rimbaud de su época, y ciertamente es preciso constatar que el siglo XIX cientificista tenía la mano particularmente grosera. Un elemento inmaterial, por definición, escapa a la aprehensión y al bisturí. Si Glande Bernard hubiera encontrado un alma bajo su escalpelo, habría dado un duro golpe a la religión.

— Descartes temía aburrirse de contemplar a Dios durante “diez mil años”. No se le ocurrió jamás la idea clara y distinta de que Dios podría aburrirse mucho más pronto de contemplarlo a él. Nuestro gran agrimensor de los límites del sentido común lo ignoraba todo respecto a la contemplación, la cual no está sometida ni al tiempo, ni a la extensión, ni a los reglamentos de la oficina de pesas y medidas.

— Los materialistas se complacen en atribuir a nuestros antepasados errores que no cometían, y de los que salían cómodamente. En consecuencia, sonríen con condescendencia ante la ingenuidad de los antiguos, quienes, según ellos, creían que la tierra era plana como una mesa. Ahora bien, los antiguos sabían perfectamente que la tierra era redonda, y Aristóteles le atribuía incluso la forma de una pera.

Del mismo modo, se burlan de ese paraíso que los pintores alojaban encima de las nubes, un cielo sobre el que los materialistas, especie conmovedora, creen saber que no contiene ninguna presencia.
Pero el cielo es el universo espiritual de Dios. Y no solamente existe, sino que nos rodea, nos envuelve y nos atraviesa, del mismo modo en que estamos atravesados sin cesar y sin saberlo por cantidades de rayos e incluso de partículas, que no son menos inasibles.

— Tenemos, es cierto, el deber de trabajar en la construcción de un mundo mejor, y el hecho de lograr uno menos malo sería ya un resultado apreciable. Pero resultaría absurdo reducir nuestras esperanzas a un arreglo más satisfactorio de esta tierra, pasando a la cuenta de ganancias y pérdidas todas las desgracias del pasado y del presente, corno si no se tratara más que de desechos inevitables en el proceso de nuestras futuras realizaciones políticas. Todas esas lágrimas, toda esa sangre, de las que desborda nuestra historia, ¿no habrían servido más que para edificar una ciudad terrestre ideal, cuya inauguración sería constantemente remitida a una fecha posterior?

Y recuerdo que, en el Apocalipsis, la nueva Jerusalén desciende del cielo, y no sube de la tierra como otra Babel destinada a derrumbarse.
Por último, cuando la Iglesia habla de “descanso eterno” piensa en nuestro pobre cuerpo, que va a ser depositado por un tiempo indeterminado en uno de esos cementerios que no son nada más que los vestuarios de la resurrección.
¿Qué hay después de la muerte?
De atenerse a la fe, la que cree en la resurrección, y en la razón, restringida al perímetro de los sentidos, la respuesta es sencilla: la muerte es un guiño.

Los ojos de la carne se cierran sobre este mundo y se abren de inmediato sobre la resurrección, al ser abolido el tiempo, los siglos no entran en consideración. He ahí para el cuerpo lo que puede decir la fe cuando se la contiene dentro de los límites de la observación material, lo cual, por otra parte, no es hacerle ningún servicio.

¿Pero el ser humano no es nada más que un cuerpo, un condensado de moléculas dispersadas por el viento un día u otro? La fe, que sabe más de ello por virtud de la revelación y de la experiencia mística, puede decir más.

La fe aprendió por Cristo que “el ojo no vio, el oído no oyó, lo que Dios preparó para aquellos que lo aman”. Atenta a todas las palabras del Evangelio, guarda en su corazón una expresión, de la que no se extrae generalmente todo el sentido que contiene.

Interrogado por los Saduceos sobre la resurrección, en la que no creían, Jesús les dice lo que seremos cuando todo se haya cumplido, y agrega esas palabras cuyo alcance no se mide siempre, quizá porque las enuncia como una trivialidad de las Escrituras: “Por otra parte, ¿Dios no dijo a Moisés, yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? Es, por lo tanto, el Dios de los vivos”.

Se concluye generalmente que es el Dios de la vida, no de la muerte, cuando acaba de entregarnos, como por descuido, un secreto sin precio: Abraham, Isaac y Jacob están siempre vivos, aunque hayan desaparecido hace mucho tiempo, esa muerte que es una dura realidad para nosotros no existe para Dios; todo ser a su imagen lleva un nombre, el cual expresa su persona, y esa imagen es imborrable, Dios no olvida jamás ese nombre, y esa persona, así haya tenido un instante o un siglo de vida, ¿cómo no viviría en él, cuando sobrevive en nuestra insignificante memoria?

En cuanto a la experiencia mística, es la que da la certeza de que “después de la muerte” hay un Dios, y esto será, les respondo de ello, una gran sorpresa para muchos. Se darán cuenta con el asombro que sentí yo el día de mi conversión, y que dura todavía, de que hay “otro mundo”, un universo espiritual hecho de luz esencial de un resplandor prodigioso, de una dulzura trastornadora, y, al mismo tiempo, todo lo que les parecía inverosímil la víspera les parecerá natural, todo lo que les parecía improbable les resultará deliciosamente aceptable, y todo lo que negaban les será gozosamente refutado por la evidencia. Se darán cuenta de que todas las esperanzas cristianas eran fundadas, incluso las más locas, esas que no lo son aún bastante para dar una justa idea de la prodigalidad divina. Comprobarán, como yo lo comprobé, que los ojos de la carne no son necesarios para recibir esa luz espiritual y magistral, que éstos más bien nos impedirían verla, y que ilumina en nosotros una parte de nosotros mismos que no depende de ningún modo de nuestro cuerpo. ¿Cómo puede ser eso? No lo sé —no lo sé en absoluto— pero sé que lo que digo es verdadero.

Una pequeña rosa roja

Caminaba un día por la calle, cuando observé como unas nubes oscuras se juntaban en el cielo, y vi luego como la lluvia empezó a caer, rápidamente busqué refugio, al mismo tiempo que la suave lluvia se convertía poco a poco en tormenta.

Encontré refugio bajo una cornisa, a la entrada de una casa, en el momento en que la tormenta caía con más fuerza y estruendo. vi. entonces una pequeña rosa roja, golpeada y encorvada por las grandes gotas de agua que constantemente le azotaban; y a pesar de esto no se rompía, sino que soportaba con increíble resistencia el gran embate de la lluvia y cada uno de sus golpes; manifestado en grandes y pesadas gotas de agua.

Me sorprendí al ver como a pesar del viento y lluvia, la pequeña rosa roja soportaba el gran castigo, sin ceder ni un ápice. En muchos momentos, pensé verla caer, derrotada por la furia del agua, mas sin embargo, volvía a enderezar su ya doblado tallo por la lluvia.

Al pasar la lluvia, y ver como el sol salía de entre las oscuras nubes…

… Noté con asombro como la pequeña y frágil rosa roja, estaba aún en su lugar, con su tallo erguido hacia el cielo, mostrando con orgullo sus bellos pétalos rojos, en señal de su victoria ante las fuerzas de la misma naturaleza, a la cual pertenece.

Esto me hizo reflexionar acerca de mi vida; pues al recordar como la indefensa rosa luchaba por seguir en pié ante la tempestad, y después de observar cuán dura había sido su lucha, me recordó las dificultades que había tenido en mi vida, y de como muchas veces, había sentido que ya no podía más, pero al ver la rosa roja, en pié y victoriosa, recordé aquel pasaje de la Biblia, donde se dice que nosotros valemos más que las flores del campo y los pajarillos del cielo, y pensé:

“Si Dios dio fuerza a esa pequeña rosa roja para pasar la tempestad; ¿por qué he de temer a las adversidades?

Pues si Dios no dejó que esa rosa que no ama, no camina y no tiene razón soportara la tormenta, ¿cuánto más cuidará de mí, hijo de Dios y heredero de la vida eterna?”

Desde entonces no dejo que nada me asuste, atemorice o desanime, y cada vez que siento desfallecer; recuerdo aquella pequeña rosa roja, la cual me mostró cuánto valgo y lo duro que he de pelear en este mundo, pero también recuerdo el amor que me tiene aquel que dio fuerza a la rosa, para que pudiera resistir.

Autor: Desconocido

Palabras de Jesús sobre la Confesión

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos; y cuanto atares en la Tierra será atado en los Cielos, y cuanto desatares sobre la Tierra será desatado en los Cielos (Mateo 16, 18-19)

Os aseguro que todo lo que atéis en la Tierra será atado en el Cielo, y todo lo que desatéis en la Tierra será desatado en el Cielo (Mateo 18, 18).

A quienes perdonareis los pecados, les serán perdonados; a quienes se los retuviereis, les serán retenidos
(Juan 20, 23).

No vine a llamar a penitencia a los justos, sino a los pecadores (Lucas 5, 32).

Os digo que habrá más alegría en el Cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia (Lucas 15, 7).

El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido (Lucas 19, 10).

Mira que has sido curado. No peques más, para que no te suceda algo peor (Juan 5, 14).

Vete, y desde ahora no peques más (Juan 8, 11).

23 febrero 2017

El sufrimiento

Se dijo con razón, y se lo repite frecuentemente hoy en día, hasta en las iglesias, que el sufrimiento no tiene valor en sí. Su acción es puramente negativa. Debilita, degrada, a veces incluso envilece al ser humano. Reduce su autonomía cuando no la aniquila para hacerlo enteramente dependiente de los demás. Perturba, deforma o apaga sus facultades, lo conduce a la desesperación o, en el mejor de los casos, a una resignación acechante en la cual, como encogido en lo más profundo de sí mismo, no espera más que el rostro vacío de la liberación, que será su última visita.

Es la piedra en la que tropiezan todas las sabidurías y todas las religiones: los más prudentes la contornean o simulan no verla. Saben perfectamente que el sufrimiento, y en particular el sufrimiento de los inocentes, es injustificable e incompatible con la hipótesis de Dios, a menos que se haga de éste el ser indiferente y lejano para quien Baudelaire, sin gran esperanza de ser oído, resumía toda la historia de la humanidad en los terribles versos en los que evoca fcese ardiente sollozo que rueda de edad en edad, y va a morir al borde de vuestra eternidad’.

No solamente hay que combatir el sufrimiento, cosa acerca de la que nadie disiente, pero si no se quiere caer en un ‘dolorismo’ que no sería más que un vicio como cualquier otro, también es preciso negarle todo sentido y toda utilidad; sin contar con que hace perder la fe a muchos, e impide creer a los otros”.
Sin embargo, Cristo sufrió y nos dijo que debía pasar por eso “para entrar en su gloria”, estando sobreentendido que en Dios la gloria no es otra cosa que la irradiación visible del amor.

El sufrimiento es el interrogante de los interrogantes. Se plantea con el primer vagido del niño que llega al mundo, y no cesa de perseguirnos hasta el fin, frente a aquel a quien el hálito potente de la agonía desprende de la ribera de los vivos. Negar el valor del sufrimiento no es, de ningún modo, acudir en ayuda de los enfermos, sino por el contrario arrancarles algo más, es una indignidad.

 Ellos son creadores de caridad alrededor de sí, en eso son semejantes a Dios, ¿y en eso quién podría decirse su igual? Tienen el poder de hacernos mejores, aunque no sea más que por un instante. ¿No les damos las gracias por ese beneficio? “Yo estaba enfermo, y me han visitado” nos dice Cristo. Y no: “Estabas enfermo, y los que te vinieron a ver tienen toda mi simpatía”.

El es el enfermo, el leproso, el prisionero, el minusválido, y eso significa que, en el pobre ser que somos, toda insuficiencia es una forma de la presencia de Dios: quien no comprende eso, no comprenderá nunca nada del cristianismo.

Sucede, como se señala en las objeciones que preceden a esta respuesta que, bajo el golpe de una desgracia repentina, o ante el anuncio de una enfermedad irremediable que afecta a alguien cercano, algunos digan que “perdieron la fe”.

Pero a menudo no la pierden más que para dárnosla, por su coraje, su persistencia, su paciencia, que despiertan nuestra admiración y testimonian que el ser humano es mayor que su condición y que existe una belleza del alma, que es incorruptible, según susurra algo en nosotros mismos.

En tales condiciones, hablar de la “falta de sentido” o de la “inutilidad” del sufrimiento demuestra solamente grosería espiritual. Por supuesto, se tiene razón al manifestar que un sufrimiento querido y buscado no sería más que un placer más, y que podría fácilmente girar a la abyección; solamente cuenta el sufrimiento impuesto, aquel que Cristo, en el monte de los Olivos, pidió por un instante que le fuera evitado, antes de aceptar su amargura.

Este indeseable no espera que se lo llame, y no perdona a nadie. Llega cuando menos se lo espera, se desliza hasta en la felicidad, cuya precariedad nos hace sentir. A veces, lo producimos nosotros mismos por nuestra reticencia para dar —pues si Dios es efusión, nosotros seríamos más bien retención— y esta avaricia, de la cual no siempre tenemos clara conciencia, forma en nosotros esas dolor osas concreciones de rechazo que son el equivalente psicológico de lo que la medicina llama “cálculos”. De ese don de sí que es alegría en el infinito de Dios, nuestros límites hacen un sufrimiento.

 Descarto los males que los hombres se causan los unos a los otros por su egoísmo, sus ambiciones, su voracidad, su fanatismo, el despliegue de ese odio rapaz que cubre aún con su sombra el calvario de Auschwitz, y todas las abominaciones de las que nos hacemos culpables con el ejercicio abusivo de nuestra libertad. De todos esos horrores y devastaciones solamente nosotros tenemos la responsabilidad. Nuestro siglo realizó prodigios, es verdad, pero no se distinguió menos en las masacres y en la mentira, y resulta absolutamente insoportable verlo, todavía pringoso de sus crímenes, volver hacia el creyente su rostro lívido de Caín para preguntarle: “¿Dónde está tu Dios?” cuando acaba de matarlo en el justo y en el inocente.

Dejo el siglo a sus obras, y vuelvo a ese sufrimiento impuesto que proviene, no de nuestras diversas perversiones morales, sino de nuestra condición humana, expuesta en todo momento a la separación y a la muerte. ¿Quién nos acusará de ser frágiles, efímeros, sujetos a la decadencia y a lo ineluctable? Hasta aquí, a semejanza del niño con un espejo que hace rebotar un rayo de sol para inflamar un fósforo, me esforcé en colocar todas las respuestas de este libro en la línea de acción de esa luz que me enseñó, de improviso, un día de julio, que Dios era dulzura misericordiosa e invencible, caridad pura, que todas las otras verdades no eran más que reflejos de aquella verdad; y es sobre ese algo irracional que se llama amor que intenté apoyar la lógica de mi discurso.

Pero ahora que tengo que hablar del sufrimiento del inocente, no se trata ya de imitar al niño que intenta atrapar el rayo que penetra por la ventana, se trata de entrar en el sol.
Conocí, creo haber conocido, en la barraca de los judíos del Fort Montluc, en los tiempos de los Klaus Barbie y de los proveedores de fosas comunes, todas las clases de dolores que la persecución y la barbarie pueden extraer del cuerpo humano y del alma sin defensa, la cual no es ya más que una vibración inaudible, un soplo asustado, un aliento de réquiem.

Vi a aquellos que no eran más que una llaga, destrozados por los golpes de la nuca a los talones, y que se movían con precauciones infinitas, como en una invisible tienda de porcelana; aquellos a los que se había asfixiado en el agua fría y que no podían terminar de tiritar bajo su frazada, teniendo, en los ojos, la estela de una fuga enloquecida e imposible; aquellos que volvían vacilando a la vida, como si temieran que el odio, al encontrarlos de pie, viniera a tomarlos del cuello para conducirlos al suplicio; aquellos que temblaban noche y día por los suyos, libres, pero por cuántas horas, o encerrados, pero en qué casillero de prisioneros; aquellos que iban hacia las fauces de los fusiles con un paso de autómata, la mirada más allá de la realidad; aquellos a quienes los torturadores embriagados por el sentimiento de su omnipotencia martirizaban moralmente, esforzándose en humillarlos, en acosar en ellos todo cuanto podía haber de esperanza todavía, de manera de hacerles sentir lentamente, minuciosamente, los avances de un inexorable proceso de eliminación.

Mucho tiempo después, las garras rapaces del sueño me arrebataban casi todas las noches para conducirme de nuevo a ese recinto de todas las desolaciones, donde creía haber vivido todo lo que los nervios humanos pueden soportar sin romperse.

Yo no sabía todavía que existía un dolor que resume a todos los dolores, y ustedes no se imaginan con qué temeroso ardor deseo que a ustedes les sea por siempre ahorrado. Incluso todavía hoy, no tengo la fuerza suficiente para describirles esos momentos lúgubres, en los cuales, dentro del orden trastornado de las cosas, el cielo no es más que indiferencia, la tierra promesa de corrupción, y en los que vieron por última vez el rostro de un hijo a través de la abertura de una caja de madera. No hay desgracia más grande.

El tiempo la atenúa, pero nunca la aleja mucho, y para que vuelva a invadirlos, basta un objeto, y el olor de una planta, un nombre, que no se pronuncia ya a sí mismo, el grito de un pájaro, cierto silencio, una nada. Y después, un día, que será otro día de revelación, a la vuelta de una esquina, el lanzazo del recuerdo volverá a alcanzarlos por milésima vez.

 Entonces pensarán de pronto que nada sería peor que el olvido, que este sufrimiento que en otro tiempo sobrepasó todos los límites, es la prueba de que amaron, que esta prueba es la justificación de su existencia, su bien más precioso, el único que se llevarán cuando el resto vuelva al polvo. Sentirán la convivencia profunda del sufrimiento y del amor en su naturaleza perecedera.

Viendo como, con una potencia casi infinita, el sufrimiento al mismo tiempo los habrá unido indisolublemente a sus seres queridos, abierto a la piedad y entregado a la más anecdótica de las lágrimas de un niño, a qué punto los habrá vuelto más sensibles a la pena y a la soledad de los otros, de todos los otros, de qué manera, en fin, desde ese mundo éste se convierte en caridad, pensarán en la pasión de Cristo, que está en el corazón de la fe de ustedes.

 Y comprenderán, qué digo, sabrán, verán maravillados que, si bien la justicia y la misericordia podrían muy bien evitar el camino de la cruz para salvar a los hombres, no había otro que éste para el amor encamado.

La gente que me gusta

Primero que todo

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.

Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.

Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.

Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente que trabaja por resultados. Con gente como esa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido.




Mario Benedetti

Detrás del sol

Sinopsis: “Detrás del Sol” Relata una historia de un Joven Musulman que creció en el Medio Oriente, pero adquirió sus estudios universitarios en Norte América.  viviendo muchos años en los estados unidos. El Film se desarrolla  cuando el vuelve a su pueblo donde su familia jamas aceptaría su nueva Fé, Ya que el se había convertido a Jesucristo, el temor y la preocupación se apodera de Él frente a una  persecución.  Una película que debes ver y no quedarte y compartirla con tus amigos.  Por favor Deja Tus Comentarios después de ver esta Película.

22 febrero 2017

El Odio es un veneno que nos mata a nosotros mismo…

La hija llega y le dice a su padre:

– ¡Papá, ya no aguanto más a la vecina! Quiero matarla, pero tengo miedo que me descubran.

¿Puedes ayudarme con eso?

El padre le responde: – Claro que sí mi amor, pero hay una condición…
Tendrás que hacer las paces con ella para que después nadie desconfíe que fuiste vos cuando ella muera.

Tendrás que cuidarla muy bien, ser gentil, agradecida, paciente, cariñosa, menos egoísta, retribuir siempre, escucharla más…

¿Ves este polvito? Todos los días pondrás un poco en su comida. Así ella morirá de a poco.
Pasados 30 días, la hija vuelve a decir al padre:

– Ya no quiero que ella muera. La amo. ¿Y ahora? ¿Cómo hago para cortar el efecto del veneno?
El padre entonces le responde: – ¡No te preocupes! Lo que te dí fue polvito de arroz.
Ella no morirá, porque el veneno estaba en ti.

Cuando alimentamos rencores, morimos de a poco.

Aprendamos a hacer las paces con quienes nos ofenden y nos lastiman. Aprendamos a tratar a los demás como queremos ser tratados. Aprendamos a tener la iniciativa de amar, de dar, de donar, de servir, de regalar, y no solo querer ganar y ser servido.

El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 1 Juan 2:9
No hablen mal de otra persona ni digan mentiras en su contra. (Éxodo 20:16 TLA)

Cascorro y Carapena

Sinopsis: Son dos vidas muy emocionantes y terribles que llevan un pasado muy estremecedor ¿Como será la convivencia de dos personas que son completamente diferentes en la celda de una cárcel? Los dias pasan y la rollo que los envuelve se va desmoronando para darnos a conocer. En el presente penitenciario que les toca vivir se les abren nuevas esperanzas al conocer a Jesucristo. Por favor no te olvides de Dejar tus comentarios después de ver esta Película.

El Don de saber Guardar Silencio

Guardar silencio y saber cuando hacerlo es un arte, una virtud. Es tan importante callar que las misma Palabra del Señor, nos dice que hay “Un tiempo para callar ”. (Eclesiastés 3:7)

En muchas circunstancias de la vida nos corresponde escoger callar o decir lo que pensamos, sin embargo la mayoría de las veces lo que queremos manifestar esta inundado de nuestra propia opinión, quizás el enojo o el sentimiento que tengamos en el momento nos lleve a decir lo indebido y causemos heridas a otro.

(Salmo 37:7) “Guarda silencio ante el Señor; espera con paciencia a que él te ayude. No te irrites por el que triunfa en la vida, por el que hace planes malvados”.

El mundo esta lleno de constantes ruidos y voces que nos roban la paz, pero en medio de ese sonido tormentoso el Señor nos habla a través de su palabra y nos dice una vez más: “Guarda silencio delante de Él.

Hoy, inclínate en la presencia del Padre y dile: En quietud y silencio te entrego mi tiempo, mis talentos, mi futuro todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo. Declaro que me debo solo  Dios y que aprenderé a escuchar tu voz y a callar esperando en Jehová.

    “Siempre que haces silencio en las momentos que estas enojado,

    y no encuentras que decir probablemente puedas estar tomando la mejor decisión.”

21 febrero 2017

La Invitación a Conocer Personalmente a Jesús

Después de haber visto este vídeo y entendido el plan de salvación de Cristo, te invitamos a que recibas en tu corazón a Cristo Jesús, recuerda que es tu decisión, nadie te puede obligar a hacerlo. A continuación te explicamos:
 
PUEDES RECIBIR A CRISTO AHORA MISMO MEDIANTE LA FE EXPRESADA EN UNA ORACION (La oración es hablar con Dios) Dios conoce su corazón y no tiene tanto interés en tus palabras, sino más bien en la actitud de tu corazón. Te sugiero como guía la siguiente oración.

"Señor Jesucristo, te necesito. Te abro la puerta de mi vida y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar mis pecados. Toma el control del trono de mi vida. Hazme la clase de persona que quieres que sea."

¿Cómo estás plantando en el jardín de tu vida?

Un rabino estaba paseando en un campo donde vio un hombre de edad muy avanzada plantando un roble. “¿Por qué usted está plantando este árbol?”, preguntó él. ¡Ciertamente usted no esperará vivir lo suficiente para ver este roble crecer! El hombre contestó: “Mis antepasados plantaron árboles no para ellos mismos, sino para que nosotros pudiésemos apreciar sus sombras y frutos. Estoy haciendo lo mismo para aquellos que vendrán después mí.”

¿Qué estamos plantando para nuestros hijos, amigos y hermanos? ¿Nos hemos preocupado con nuestras actitudes, para que éstas sirvan de semilla de bendiciones capaces de producir frutos en la vida de aquellos que nos conocen? ¿Nuestras atenciones están enfocadas en nuestros intereses personales e inmediatos o comprendemos que Dios nos colocó como luces para alumbrar el camino de muchos que serán tocados de alguna manera con nuestra vida?

Cuando plantamos amor y respeto, nuestra casa crece produciendo flores y frutos de amor y respeto. Cuando plantamos sonrisa y amistad, nuestra vecindad se transforma en ambiente de alegría y compañerismo.

Cuando plantamos dedicación y fidelidad, nuestra iglesia contagia el local donde está construida.

Cuando estamos al servicio del Señor no pensamos en la belleza y perfume que nuestras vidas disfrutarán de aquél jardín, sino en los millares que pasarán por el mismo jardín y en el encanto que producirá en sus vidas y familias.

Alegrémonos por ser jardineros de Cristo y el Señor Jesús se alegra porque trabajamos para Su gloria y honor.

La bendición de nuestro trabajo en el jardín del Señor producirá frutos por toda la eternidad.

“Mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8)

¿Enseña la Biblia realmente que las personas están predestinadas a ir al cielo o al infierno?

Es verdad que versículos como Juan 6:44-45, Hechos 13:48 y Efesios 1:4-5 enseñan que no podemos acudir a Dios a menos que Él primero nos atraiga a Sí mismo. Esos pasajes enseñan claramente que los que escogen a Cristo son personas destinadas de antemano a ser hijos eternos de Dios. Otros pasajes enseñan que la voluntad humana es tan caída y cautiva del pecado, que sólo el Espíritu de Dios puede dar a una persona el deseo de conocer a Dios y ser liberada por Él.

Esa es una afirmación difícil, y no sólo para la gente de fe. El principio del determinismo es un lado de una paradoja mayor que ha desafiado la explicación, no sólo de teólogos cristianos, sino también de filósofos ateos. Ambos lados han luchado con dos aspectos aparentemente irreconciliables de la experiencia humana: la libertad y el determinismo.

La Biblia sostiene ambos lados en tensión sin tratar de resolvernos el problema. Aunque enseñan que Dios tiene control de su universo, las Escrituras dicen igual de claro que Él ofrece salvación a todos y los hace a todos responsables de la verdadera elección de aceptar o rechazar su genuina oferta.

Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:3-4).

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El (Juan 3:16-17).

El mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero (1 Juan 2:2).

La Biblia no es fatalista. De principio a fin es un libro de esperanza. Dios ha dado a todo el mundo la capacidad de elegir. Sin embargo, en medio de nuestras opciones está verdad: nosotros no gobernamos a Dios; Él nos gobierna a nosotros. No somos soberanos; Él sí. Somos responsables de escogerlo a Él, pero estamos tan caídos en nuestro propio pecado, que cuando lo escogemos percibimos que Él nos ha permitido hacerlo misericordiosamente.

El sabio rey Salomón escribió acerca de esta paradoja cuando dijo:

La mente del hombre planea su camino, pero el SEÑOR dirige sus pasos (Proverbios 16:9).

Por el SEÑOR son ordenados los pasos del hombre, ¿cómo puede, pues, el hombre entender su camino? (Proverbios 20:24)

Sólo el Creador eterno e infinito es capaz de reconciliar ambos lados del misterio. Como escribiera Pablo en su Carta a los Romanos:

¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿quién ha conocido la mente del señor?, ¿o quién llegó a ser su consejero?, ¿o quién le ha dado a el primero para que se le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén (Romanos 11:33-36).

Por Dan Vander Lugt

20 febrero 2017

La Voluntad de Dios

¿Cómo sería tu vida si fuese solo el cumplimiento de la voluntad de Dios? ¿Dónde estarías, si siempre hubieses cumplido la voluntad de Dios? El texto de hoy afirma que la voluntad de Dios, para ti, es agradable y perfecta.

El apóstol Juan lo dice de otra manera: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. Prosperidad en todas las cosas, no solo en la vida espiritual. Dios desea lo mejor de lo mejor, para ti: esa es la voluntad “agradable y perfecta” del Señor. Pero, eso no se cumple en tu vida por acaso; existe una condición para el cumplimiento de esta promesa. Y la condición es: “No te conformes con la manera de pensar de las personas que viven en estos días, sino renuévate por el conocimiento de la Palabra de Dios”. El resultado es que comprobarás la buena voluntad de Dios para ti.

La palabra “comprobar”, en el griego, es dokimazo, que tiene la conno­tación de hacer suyo un concepto, después de haberlo analizado. ¿Quieres saber cuál es la voluntad agradable y perfecta de Dios para tu vida? ¿Quieres que esa voluntad se haga una realidad en tu experiencia? Necesitas renovar­te. No puedes acomodarte a la manera de pensar de los seres humanos.

La mayoría de las personas de nuestro tiempo considera a Dios un de­talle sin mucha importancia. El “dios energía” está de moda, porque no de­manda compromiso; a la energía tú la usas y, cuando no la necesitas más, la descartas. Pero, Dios no es simple energía, es una Persona. Y con una perso­na tienes que relacionarte con compromiso. Necesita estar presente en tus decisiones, proyectos y planes.

Hoy es una oportunidad de conocer la agradable y perfecta voluntad de Dios para ti. Por eso, no salgas de tu casa sin la seguridad de que has renova­do tu manera de pensar mediante el estudio y la meditación de la Palabra de Dios. Si lo haces, ciertamente hoy será un día de victoria, y las cosas que, apa­rentemente, se presentaban sin solución serán superadas, porque una cosa es luchar solo y otra, completamente diferente, es luchar sabiendo que Jesús está a tu lado. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta“.

Dios permitió que te equivocaras

Tu historia personal, desde su COMIENZO al PRESENTE; y del PRESENTE hacia su FINAL, no ha estado ni estara a la deriva, aunque por momentos tu asi lo hayas sentido…

A lo largo de tu caminar por esta vida, Dios ha estado pendiente de todos tus pasos… Es cierto que hubo momentos que diste pasos tan errados, que tuviste que enfrentar consecuencias de tristeza, dolor y frustracion. Pero eso no indica que Dios estaba desentendido de ellos.

Dios sabia perfectamente lo que decidias y la accion que eso conllevaba de tu parte; pero te dejo actuar aun en aquellas decisiones que no eran las correctas. Dios permitio que te equivocaras, para que te dieses cuenta de lo importante que es tomarle en cuenta a El en cada paso que des, por muy pequeño e insignificante que parezca…

Dios ha mostrado en su Palabra, cuales son las PAUTAS claras y precisas que hemos de tomar en cuenta en nuestras decisiones por la vida.

Las decisiones no se toman por lo que TU PIENSAS que asi es; no se toman por los SENTIMIENTOS que dominan tu corazon; ni tampoco por los DESEOS que tienes. Las verdaderas decisiones se toman teniendo como UNICA BASE las pautas doctrinales, eticas y morales que nuestro Señor Jesucristo ha dejado establecidas en forma clara en su Palabra… Si tomas otra BASE, vas por mal camino.

Ahhh!!! Si yo en el pasado hubiese decidido y actuado conforme a esas pautas, cuandos dolores me habria evitado; pero lo importante es que un dia llegue a comprender que para tener el RESPALDO DE DIOS en todo lo que emprendiera, debia de tomar en cuenta NO solamente mis puntos de vista… Sino los de EL.

Asi que no te olvides de tomar en cuenta a Dios en todos tus proyectos para que todo te salga bien; es mas, el en su soberania sabia y perfecta es quien TE HA SACADO de donde estabas, para traerte alli donde justamente estas hoy, pero tambien para CONDUCIRTE EN SU VOLUNTAD hacia donde el lo tiene preparado hasta cuando llegue el momento de tu paso final por este mundo…

Si Dios permitio que te equivocaras, fue para ENSEÑARTE que eres libre; pero esa libertad te trae CONSECUENCIAS de mal o bien; de mal si vives en POSICION CONTRARIA al punto de vista de Dios; pero de bien si vives de acuerdo los lineamientos que el ha dejado establecidos en su Palabra…

Recuerdalo: Pese a tus errores pasados, Dios te ha traido a este punto tal, para que aprendas a caminar de su mano y EN SU VOLUNTAD a traves de los aridos, espinosos y engañosos caminos del mundo…

“Y EN EL DESIERTO HAS VISTO QUE EL SEÑOR TU DIOS, TE HA TRAIDO, COMO TRAE EL HOMBRE A SU HIJO, POR TODO EL CAMINO QUE HABEIS ANDADO, HASTA LLEGAR A ESTE LUGAR” Deuteronomio 1:31

¿Estás conectado a Jesucristo?

Me alegro de que Aristóteles fuera filósofo y no médico. Él creía erróneamente que el pensamiento tenía lugar en el corazón, y que el cerebro funcionaba como un radiador, enfriando la sangre. (Me pregunto qué recomendaba para el dolor de cabeza.)

Hoy, claro, sabemos que no es así. Sin un cerebro, tú y yo seríamos peor que un espantapájaros en El mago de Oz. El cerebro es el centro de mando, y está conectado a cada una de las partes del cuerpo a través de un complejo sistema nervioso. Cuando algo va mal con las conexiones, ya sea por ruptura o debido a una anormalidad química, los resultados son evidentes. La parálisis se produce cuando la médula espinal se rompe. Otras veces, los síntomas pueden ser un grado variable de pérdida del control muscular, o un problema con el habla.

No, éste no es un capítulo sacado de un libro de texto de anatomía humana básica. Sólo estoy tratando de decir algo. Aunque el cerebro sea perfecto, el cuerpo no responde perfectamente si las conexiones son defectuosas. A Jesús se le describe como la Cabeza del cuerpo. Él es perfecto, y quiere que nosotros estemos perfectamente conectados a Él. Si ese es el caso, entonces lo que hagamos y digamos estará dirigido por Su diseño y propósitos.

Pero a veces, las conexiones en el cuerpo de Cristo son afectadas por una enfermedad (el pecado), y las partes pierden comunicación con la Cabeza. Los resultados son predecibles: creencias equivocadas y maneras erradas de actuar (Colosenses 2:6-19). Jesús habló de nuestra necesidad de estar conectados a Él como las ramas a una vid (Juan 15:1-8). Debemos estar viviendo con Cristo y para Cristo si esperamos producir el fruto de la piedad. ¿Estás conectado a la Cabeza?

R E F L E X I Ó N
- ¿Cómo puedo saber si estoy conectado a Cristo?
- ¿Cómo puedes fortalecer las conexiones hoy? ¿Cómo afecta tu relación con Cristo la obediencia o la desobediencia?
- Aparta un momento ahora mismo para expresarle tu amor a Cristo y sométete a Su control para este día.

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