Buena oraciĂ³n para que recen los esposos juntos:
“Señor, Padre nuestro; gracias porque hemos descubierto la alegrĂa del amor.
Por eso, en medio de tantos odios y guerras, de tantas indiferencias y egoĂsmos, nosotros hemos creĂdo, que el amor es posible.
Porque creemos en Ti, que eres el Amor.
Por eso, nos pusimos en marcha, por el camino del amor.
Nos sentimos seguros, no por nuestras fuerzas, sino porque TĂº estĂ¡s con nosotros.
Te ofrecemos nuestra decisiĂ³n de ser fieles al amor, con sus exigencias y compromisos.
Queremos amarnos, amar a nuestros hijos y amar a todos los prĂ³jimos, de tal manera, que seamos testigos de tu presencia, para que el mundo se transforme en tu Reino, para que los otros crean en el amor y asĂ puedan creer en Ti”.
El matrimonio es lo mĂ¡s opuesto al egoĂsmo, pues lo esencial en el matrimonio, mĂ¡s que dar, es darse, pero darse en plenitud; y el fruto visible de ese darse: los hijos, son el tesoro mĂ¡s preciado que los padres han de guardar con un celo digno de la causa que el Creador puso bajo su custodia.
“Padres, no exasperĂ©is a vuestros hijos, sino formadlos mĂ¡s bien mediante la instrucciĂ³n y la correcciĂ³n segĂºn el Señor” (Ef, 6, 4).
“Para que la familia pueda lograr la plenitud de su vida y misiĂ³n, se requieren un clima de benĂ©vola comunicaciĂ³n y uniĂ³n de propĂ³sitos entre los cĂ³nyuges y una cuidadosa cooperaciĂ³n de los padres en la educaciĂ³n de los hijos” (GS, 52).
“Señor, Padre nuestro; gracias porque hemos descubierto la alegrĂa del amor.
Por eso, en medio de tantos odios y guerras, de tantas indiferencias y egoĂsmos, nosotros hemos creĂdo, que el amor es posible.
Porque creemos en Ti, que eres el Amor.
Por eso, nos pusimos en marcha, por el camino del amor.
Nos sentimos seguros, no por nuestras fuerzas, sino porque TĂº estĂ¡s con nosotros.
Te ofrecemos nuestra decisiĂ³n de ser fieles al amor, con sus exigencias y compromisos.
Queremos amarnos, amar a nuestros hijos y amar a todos los prĂ³jimos, de tal manera, que seamos testigos de tu presencia, para que el mundo se transforme en tu Reino, para que los otros crean en el amor y asĂ puedan creer en Ti”.
El matrimonio es lo mĂ¡s opuesto al egoĂsmo, pues lo esencial en el matrimonio, mĂ¡s que dar, es darse, pero darse en plenitud; y el fruto visible de ese darse: los hijos, son el tesoro mĂ¡s preciado que los padres han de guardar con un celo digno de la causa que el Creador puso bajo su custodia.
“Padres, no exasperĂ©is a vuestros hijos, sino formadlos mĂ¡s bien mediante la instrucciĂ³n y la correcciĂ³n segĂºn el Señor” (Ef, 6, 4).
“Para que la familia pueda lograr la plenitud de su vida y misiĂ³n, se requieren un clima de benĂ©vola comunicaciĂ³n y uniĂ³n de propĂ³sitos entre los cĂ³nyuges y una cuidadosa cooperaciĂ³n de los padres en la educaciĂ³n de los hijos” (GS, 52).




















