¿Eres capaz de ir mĂ¡s allĂ¡, procurando la felicidad de los que te rodean, aun a costa de la tuya?
Aceptar a los otros no es otra cosa que cederles un lugarcito en nuestro corazĂ³n; pero para cederles un lugar es preciso arrinconar algunas cosas nuestras, nuestros propios sentimientos y conveniencias.
Todo esto es lisa y llanamente amar; y, en consecuencia, amar es negarse a sĂ mismo, olvidarse de sĂ, inmolarse, sacrificarse; amar, en resumidas cuentas, no es otra cosa que sufrir por la persona que uno ama.
Ya tienes un buen test: ¿sufres, te molestas, te niegas por las personas que dices que amas?
“En verdad os digo: quien reciba al que yo envĂe, me recibe a mĂ y quien me reciba a mĂ, recibe a Aquel que me ha enviado” (Jn, 13, 20).
“Hemos de olvidarnos de todos los odios — de toda mentira, de toda ruindad —; hemos de abrasarnos en el santo fuego — de un amor inmenso, dulce y fraternal”.

