El cĂ³mo responde a la personalidad; y como cada uno tiene su propia personalidad, cada uno tiene su modo de amar, su cĂ³mo ama.
No pretendas que los demĂ¡s amen como tĂº amas, porque eso serĂa pretender que los demĂ¡s se despojaran de su personalidad, para adquirir la tuya.
Te he hablado del cĂ³mo en el amor; si te fijas en la intensidad, en el tanto, he de decirte que el tanto no se puede medir por el cĂ³mo; la intensidad serĂ¡ medida por la propia disposiciĂ³n psĂquica; y asĂ, lo que para uno puede ser mucho, para otro puede resultar muy poco; fĂjate mĂ¡s bien en tu propia maduraciĂ³n y no juzgues a los demĂ¡s.
“El Padre mismo os quiere, porque me habĂ©is querido a mĂ y habĂ©is creĂdo que salĂ de Dios” (Jn, 16, 27).
El Ăºnico modo de amar a Dios, es amarle sin modo, ni medida; las matemĂ¡ticas no sirven, cuando se trata de amar a Dios; nunca se le puede amar demasiado, siempre le amamos menos de lo que El se merece, de lo que le debemos amar.

