El amor hace semejantes a los que se aman; por eso Dios, como amĂ³ al hombre, al crearlo, lo creĂ³ a su imagen y semejanza; de ahĂ que el hombre deba esforzarse por mantener en sĂ la mayor semejanza posible con Dios; es una semejanza que no la recibimos de una vez para siempre, sino que debemos irla forjando dĂa tras dĂa, esfuerzo tras esfuerzo.Esto te va a llevar a vivir lo divino en lo humano, que al fin es la Ăºnica forma de vivir lo humano en lo divino, de divinizarse, de hacerse semejante a Dios.
Porque, si has de hacer de tu vida una semejanza de Dios, tambiĂ©n has de hacerlo de las circunstancias que existencializan tu vida, ya que tu vida no es tuya, sino por esas circunstancias que te ubican y te diferencian de los demĂ¡s.
El cristiano es el gran comprometido en el esfuerzo por dar a la vida su verdadero sentido de semejanza con la divinidad: eso es elevar y dignificar la vida.
“A los que de antemano conociĂ³, tambiĂ©n los predestinĂ³ a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera El el PrimogĂ©nito entre muchos hermanos” (Rom, 8,29).
Haber descubierto quĂ© Cristo es nuestro Hermano Mayor, llena de gozo nuestro corazĂ³n; habla con Cristo con la confianza con que se habla a un hermano y con la seguridad de que El quiere ayudarte, porque es tu Hermano.
