Un minuto con Dios

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“¡Hombre de palabra!”
Suele ser una de las mejores alabanzas que se pueden decir de una persona; y ¡cómo duele la infidelidad, cómo nos llega al alma comprobar que tal o cual persona nos ha fallado!

Porque el hombre falla y con frecuencia; en cambio, Dios no falla nunca: siempre cumple lo que dice, su Palabra es la Verdad.

Sin embargo, aunque Dios no falla nunca y el hombre si falla, es preciso conservar la fe en Dios y la fe en los hombres; la fe en los hombres nos puede facilitar la fe en Dios y la fe en Dios nos va a pedir la fe en los hombres.

La fe no se fija en que el hombre pueda o no fallar; la fe se fija más bien en el corazón y nosotros debemos pensar que todos son buenos; de esta forma nuestra fe en los hombres, si no los encuentra buenos, los hará buenos y, en cambio, la fe en Dios nos hará buenos a nosotros.

En el bautismo fuiste consagrado como posesión, cosa exclusiva de Dios; ese Dios “cuenta contigo”; le has dado tu palabra; El espera que la cumplas, que seas fiel a ella.

Está seguro de que El cumplirá con la suya, pues:
“el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mc, 13, 31).

Es de una profunda tranquilidad tener la seguridad de que las promesas del Señor se cumplirán.

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