Boleto
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Folghum cuenta que en el areopuerto de una Cd. del sudeste asiático una joven norteamericana con falda larga, sandalias, pelo suelto y mochila lloraba desconsoladamente. La cara hinchada y enrojecida, los hombros se sacudían con los espásmos de sus sollozos. Un grupo de turistas dispuestos a documentarse en un vuelo hacia EU su pais de origen, conmovidos ante el sufrimiento visible de la muchacha se acercaron a ella para tratar de ayudarla.
Llevo casi dos días sentada en esta sala de espera, el poco dinero que me quedaba lo usé para comprar mi pasaje de avión de regreso a mi país. No he comido ni dormido porque al llegar aqui me di cuenta de que perdí el boleto. No tengo a donde ir, ni siquiera me alcanza para una llamada telefónica.
Un matrimonio de edad madura decide protegerla y la señora se ofrece a acompañarla al baño para que se seque las lágrimas, se arregle un poco para llevarla luego a comer algo. La joven empieza a tranquilizarse y accede a que la ayuden. De pronto, al levantarse, da un grito que estremece a los que la escuchan. Al incorporarse, la muchacha se da cuenta de que en el asiento estaba el boleto de avión que creía perdido y que le permitiría volver a casa.
Hasta aqui la historia. ¿Cuantas veces a lo largo de los años habremos actuado asi, lamentando nuestra mala suerte y nuestras cirunstancias y paralizándonos ante las posibilidades de salida de una situación difícil? ¿A cuantas personas conoces que se sientan sobre su boleto? ¿O puedes asegurar que has aprovechado cada ocasión de mejorar o cambiar, enfrentando de manera optimista y positiva las circunstancias?
A veces con excusas y seudorazonamientos nos sentamos a llorar por un boleto que creemos perdido y para encontrarlo sólo es necesario que nos levantemos y encaremos las cosas….Tu, ¿Donde acostumbras sentarte? .


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