Dos Tareas

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En las caravanas de los mercaderes orientales existen dos tareas que deben realizarse cada día, mientras atraviesan los calurosos y dilatados desiertos. Una de estas tareas consiste en hacer arrodilla a los camellos temprano por la mañana, para colocar y ajustar sobre sus lomos la carga que llevarán durante todo ese día de travesía.
La otra tarea es la inversa. Se realiza al fin del día, cuando toda la caravana se detiene para descansar, y consiste en hacer arrodillar nuevamente a los camellos para quitarles la carga. Hasta que llegan a destino, los mercaderes repiten cada día esta noble operación.
Como viajeros de la vida, bien haríamos en actuar como los camellos. Al comienzo de cada jornada nos toca colocarnos la carga de nuestros trabajos, afanes y preocupaciones. Y es entonces cuando a semejanza de los camellos deberíamos saber arrodillarnos ante nuestro Amo divino, para que él coloque sabiamente el peso de nuestros deberes cotidianos, y no desfallezcamos en el camino.
Y transcurrido el día de labor, con todas sus demandas y obligaciones, de nuevo imitar a los camellos del desierto: arrodillas el alma frente al Eterno, para quitarnos las cargas del día y asegurar el buen descanso de la noche.

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