Un minuto con Dios

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La vida es acción y la acción es vida; no puedes detenerte en el camino de tu acción, cruzándote de brazos; desde el momento en que cejas en tu acción, estás perdiendo vitalidad.

Cuanta más acción desarrolles, más gozarás de tu vida; cuanto más profundamente vivas tu vida, más fuertemente serás lanzado a la acción.

Vive tu vida, pero vive tu acción; vive tu vida en la acción; realiza tu acción en la vida.

A veces, en tu acción apostólica observas poco éxito; comienzas a hablar de Dios a los hombres, y los hom­bres no te escuchan; si cambiaras de método, si antes de hablar a los hombres de Dios, intentaras hablar a Dios de los hombres, las cosas saldrían mejor, porque estarían mejor ordenadas.

A veces las grandes acciones exigen grandes silencios; otras, grandes sacrificios.

No te olvides que las grandes palancas del apóstol son sus rodillas y que el mundo tiembla cuando en cris­tiano cae de rodillas.

“La oración del humilde atra­viesa las nubes” (Eccli, 35, 17).

“Sed perseverantes en la oración velando en ella con acción de gracias” (Col, 4, 2).
Con las mil y una palancas
el Cursillo nos pegó;
desde entonces nuestras almas
sólo viven para Dios.

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