Un minuto con Dios
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Hace algún tiempo se publicitó bastante el lema: “Dios ha vuelto al mundo”.
Preferiríamos cambiarlo por “Cristo siempre está entre nosotros”.
Hay que saber descubrirlo, hay que escucharlo y verlo.
El Cristo de la Eucaristía y el Cristo de la humanidad es
un mismo Cristo; sería funesto error pretender comer el Cuerpo de Cristo en la mesa del altar y no hacer nada por dar de comer a los miembros hambrientos del Cristo sin pan, ni mesa, ni hogar.
La presencia sacramental y la presencia social del mismo y único Cristo, son dos caras de la misma moneda, anverso y reverso de la misma efigie humano-divina de Cristo.
Hoy vemos la lógica disyuntiva del Cardenal Spellman: “O comunión, o comunismo”; porque, en el estado actual de la historia, sólo cabe pensar en categorías comunitarias; si no formamos una unión humana, al calor de Dios hecho hombre y Pan-Eucaristía, tendremos que hacerlo al frío del Estado con pan, pero sin Dios y sin fraternidad.
“¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo, para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?” (Sant, 2, 5).
Cristo es el pobre, y el pobre es Cristo; tanto amor debo tener a uno como al otro: al pobre por Cristo, y a Cristo porque lo debo ver en el pobre.
Disociarlos a ambos es destruirlos a los dos.
Preferiríamos cambiarlo por “Cristo siempre está entre nosotros”.
Hay que saber descubrirlo, hay que escucharlo y verlo.
El Cristo de la Eucaristía y el Cristo de la humanidad es
un mismo Cristo; sería funesto error pretender comer el Cuerpo de Cristo en la mesa del altar y no hacer nada por dar de comer a los miembros hambrientos del Cristo sin pan, ni mesa, ni hogar.
La presencia sacramental y la presencia social del mismo y único Cristo, son dos caras de la misma moneda, anverso y reverso de la misma efigie humano-divina de Cristo.
Hoy vemos la lógica disyuntiva del Cardenal Spellman: “O comunión, o comunismo”; porque, en el estado actual de la historia, sólo cabe pensar en categorías comunitarias; si no formamos una unión humana, al calor de Dios hecho hombre y Pan-Eucaristía, tendremos que hacerlo al frío del Estado con pan, pero sin Dios y sin fraternidad.
“¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo, para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?” (Sant, 2, 5).
Cristo es el pobre, y el pobre es Cristo; tanto amor debo tener a uno como al otro: al pobre por Cristo, y a Cristo porque lo debo ver en el pobre.
Disociarlos a ambos es destruirlos a los dos.


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