Un minuto con Dios

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Hay no pocas cosas, que suenan a verdaderas, pero no son verdad; otras aparecen buenas, pero no lo son; será importante que aprendas a distinguir una cosa de otra, porque no aprovecha lo que aparece, sino lo que es.

La superficie y la profundidad, el aparecer y el ser, la apariencia y la realidad, lo exterior y lo interior, lo que ve el hombre y lo que juzga Dios: son binomios de los que el hombre no podrá desprenderse en ab­soluto.

Algunos se creen incapaces de ser buenos, porque se creen incapaces de superarse y en realidad no lle­gan a ser mejores, porque no tratan de superar su incapacidad.

Otros sienten que no se superan porque no se superan de golpe y en un solo momento, cuando en realidad se superarían, si trataran de hacerlo poco a poco; no se superan en las grandes cosas, porque no se esfuerzan en superarse en las cosas comunes y sen­cillas.

Dios no se deja engañar por las apariencias; el hom­bre si, pues es lo único que alcanza a divisar; en cam­bio, “Dios escruta corazones y entrañas” (Salmo 7, 10).

“Yo, Yahvéh, exploro el corazón, pruebo los ríñones, para dar a cada cual su camino, según el fruto de sus obras” (Jer 17,10).

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