Un minuto con Dios
0:00La superficie y la profundidad, el aparecer y el ser, la apariencia y la realidad, lo exterior y lo interior, lo que ve el hombre y lo que juzga Dios: son binomios de los que el hombre no podrá desprenderse en absoluto.
Algunos se creen incapaces de ser buenos, porque se creen incapaces de superarse y en realidad no llegan a ser mejores, porque no tratan de superar su incapacidad.
Otros sienten que no se superan porque no se superan de golpe y en un solo momento, cuando en realidad se superarían, si trataran de hacerlo poco a poco; no se superan en las grandes cosas, porque no se esfuerzan en superarse en las cosas comunes y sencillas.
Dios no se deja engañar por las apariencias; el hombre si, pues es lo único que alcanza a divisar; en cambio, “Dios escruta corazones y entrañas” (Salmo 7, 10).
“Yo, Yahvéh, exploro el corazón, pruebo los ríñones, para dar a cada cual su camino, según el fruto de sus obras” (Jer 17,10).


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