¿Cómo se hace lo que se tiene que hacer?

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La amabilidad de Juan, el camarero que siempre nos atiende en un restaurante, era la de siempre. Me llamó la atención, sin embargo, que cuando le pregunté por su familia, noté una expresión triste en su rostro.
“Tengo una hijita un poco mala”, me contestó. “Está interna en un hospital desde hace tres días”.
Luego de informarme algunos detalles de la enfermedad de su hijita, Juan me pidió disculpas y siguió atendiendo clientes.
Así que la próxima vez que vino a mi mesa le expresé mi admiración por lo bien que estaba realizando su labor a pesar de estar tan preocupado.
“Gracias”, me contestó Juan con sencillez, “es cierto lo que usted dice. Lo que yo quisiera es estar en el hospital con mi hija, pero este es mi trabajo, ¿sabe? y tengo que hacerlo lo mejor que pueda. Además, si yo hago lo que tengo que hacer, sé que el Señor me ayudará. Él debe estar allá con mi hija”.
Me dio la impresión de que aquellas palabras de Juan encerraban una gran sabiduría. Pensé en las veces que yo había hecho algo similar.
En muchísimas ocasiones habrá hecho usted algo porque comprendía que eso era lo que tenía que hacer.
Que eso era su deber, su misión en ese momento, porque así era como usted iba a cumplir la voluntad de Dios, y esto, aunque quizás sus deseos eran estar en algún otro lado o hacer alguna otra cosa.
El evangelio de hoy Mateo 16, 21 -27 nos habla de la primera ocasión en que el Señor les explicó sus discípulos qué era lo que Él tenía que hacer para cumplir con el misterioso plan de Dios sobre Él, que no era ciertamente que sufriera, sino que revelara su Reino de Amor, aunque lo mataran por ello .
Y aparece Pedro “metiendo la pata”, diciéndole que no, que no hiciera eso. Que no hiciera lo que tenía que hacer.
La respuesta del Señor fue fortísima.
Le llama Satanás, y lo manda a que se quite de su vista.
“Tú eres un peligro para mí”, le dice, “porque tu idea no es la de Dios, sino la humana”.
Luego afirma que Él tiene que cargar con su cruz, y que quien quiera ser su discípulo tiene que hacer lo mismo.
La pregunta de hoy
¿Qué significa cargar su cruz?

Con un ejemplo simple, le diré que cada vez que usted tiene ganas de seguir durmiendo, y se levanta para ir a cumplir con su trabajo, está cargando con su cruz.
Era lo que hacía Juan al atender a sus clientes: cumplir con su misión en ese momento, cargar con su cruz, imitar al Señor. El Señor entregó su vida al autor de la Vida. Él hizo lo que tenía que hacer, y lo hizo a la perfección. Ya sabemos cuál fue su premio al tercer día.
La buena noticia de hoy es esta: que si usted y yo sabemos lo que tenemos que hacer, y lo hacemos lo mejor que podamos, estaremos también ofreciendo nuestra vida al autor de la Vida, y nos espera la misma recompensa.
“Lo grande ante Dios no es hacer cosas extraordinarias, sino hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias”. San Estanislao
Luis García Dubus

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