Un minuto con Dios

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Quieres conocerte a ti mismo en profundidad; no siempre lo consigues.

Pretendes llegar a conocer a los demás con acierto; también sueles equivocarte con fre­cuencia.

Yo te diré por qué: no podrás llegar a comprender a los otros, si primero no te conoces a ti mismo y te comprendes; y no te comprenderás a ti mismo si no te esfuerzas por comprender y aceptar a los otros; hay en esto algo así como una simbiosis enriquecedora.

Pero piensa que a ti mismo puedes llegar a cono­certe con más o menos adecuado conocimiento; pero será muy difícil que llegues a conocer de ese modo a los demás; por la sencilla razón de que ellos no son tú y tú no eres ellos.

Siempre hay una intimidad reser­vada para el propio yo, que no es dable violar a nadie.

De todo esto debes deducir que nunca debes juzgar a nadie; que siempre has de suponer en todos rectitud de intención y bondad de voluntad; no temas, aun cuando te equivoques, no errarás.

“La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es deco­rosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta” (I Cor, 13, 4-7).

Hermoso test para un acto de introspección.

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