Un minuto con Dios
0:00
No basta reflexionar en las relaciones entre hacer y ser; necesitarnos también analizar la interrelación entre “tener” y “ser”.
Indudablemente, hoy se valora más al que “tiene” que al que “es”; en la escala de valores el tener está por encima del ser.
Sin embargo, el hecho de tener más o menos, no cambia fundamentalmente al ser, que sigue siendo sustancialmente el mismo ser.
No podré enorgullecerme de tener, si ese tener no me sirve para ser más y mejor.
En efecto, el tener, en tanto tiene valor, en cuanto me sirve como medio e instrumento para ser más, para realizarme más, para perfeccionarme más, es un medio; debe ser un medio y no un fin.
El tener comporta un verdadero valor, pero siempre que no se lo desubique de la línea de la instrumentalidad.
“No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón” (Salmo 62, 11).
No está el hombre para las riquezas, sino éstas para el hombre; no debe ser esclavo el hombre, sino esclavas las riquezas; no son malas, no deben tomarse como malas, pues también los bienes de la tierra son bienes de Dios, puestos en las manos del hombre para su perfeccionamiento; pero cuando en lugar de servir para ese fin, se convierten en obstáculo, ya son algo malo.
¿Tienes pegado tu corazón?
Indudablemente, hoy se valora más al que “tiene” que al que “es”; en la escala de valores el tener está por encima del ser.
Sin embargo, el hecho de tener más o menos, no cambia fundamentalmente al ser, que sigue siendo sustancialmente el mismo ser.
No podré enorgullecerme de tener, si ese tener no me sirve para ser más y mejor.
En efecto, el tener, en tanto tiene valor, en cuanto me sirve como medio e instrumento para ser más, para realizarme más, para perfeccionarme más, es un medio; debe ser un medio y no un fin.
El tener comporta un verdadero valor, pero siempre que no se lo desubique de la línea de la instrumentalidad.
“No os fiéis de la opresión, no os ilusionéis con la rapiña; a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón” (Salmo 62, 11).
No está el hombre para las riquezas, sino éstas para el hombre; no debe ser esclavo el hombre, sino esclavas las riquezas; no son malas, no deben tomarse como malas, pues también los bienes de la tierra son bienes de Dios, puestos en las manos del hombre para su perfeccionamiento; pero cuando en lugar de servir para ese fin, se convierten en obstáculo, ya son algo malo.
¿Tienes pegado tu corazón?


0 comentarios