¿QuĂ© serĂ¡ mejor: tener razĂ³n o tener buena voluntad?
¡Pocas veces decimos de los otros: “Tiene razĂ³n”!
Sin embargo, no es sensato pensar que uno siempre tiene razĂ³n y los demĂ¡s siempre estĂ¡n equivocados. Como tampoco serĂ¡ sensato pensar que lo que nosotros no entendemos, o no es verdadero o no es bueno.
Muy fĂ¡cilmente los que no tienen buena voluntad piensan que tampoco la tienen los demĂ¡s: “Piensa el ladrĂ³n que todos son de su condiciĂ³n”; cuando a nosotros nos mueven intenciones torcidas, es cuando mĂ¡s fĂ¡cilmente sospechamos de los demĂ¡s.
Y con eso no solamente pecamos contra la caridad, sino también contra la justicia.
Aunque en determinado caso no tengamos nosotros la razĂ³n, vale la pena ceder nuestro modo de ver las cosas y conservar mĂ¡s bien la buena voluntad.
Al fin y al cabo, cuando termines tu vida no se te juzgarĂ¡ por tu razĂ³n sino por tu buena voluntad.
“Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habĂ©is aprendido y recibido y oĂdo y visto en mĂ, ponedlo por obra y el Dios de la paz estarĂ¡ con vosotros” (Filip, 4, 3-9).
¡Pocas veces decimos de los otros: “Tiene razĂ³n”!
Sin embargo, no es sensato pensar que uno siempre tiene razĂ³n y los demĂ¡s siempre estĂ¡n equivocados. Como tampoco serĂ¡ sensato pensar que lo que nosotros no entendemos, o no es verdadero o no es bueno.
Muy fĂ¡cilmente los que no tienen buena voluntad piensan que tampoco la tienen los demĂ¡s: “Piensa el ladrĂ³n que todos son de su condiciĂ³n”; cuando a nosotros nos mueven intenciones torcidas, es cuando mĂ¡s fĂ¡cilmente sospechamos de los demĂ¡s.
Y con eso no solamente pecamos contra la caridad, sino también contra la justicia.
Aunque en determinado caso no tengamos nosotros la razĂ³n, vale la pena ceder nuestro modo de ver las cosas y conservar mĂ¡s bien la buena voluntad.
Al fin y al cabo, cuando termines tu vida no se te juzgarĂ¡ por tu razĂ³n sino por tu buena voluntad.
“Todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta. Todo cuanto habĂ©is aprendido y recibido y oĂdo y visto en mĂ, ponedlo por obra y el Dios de la paz estarĂ¡ con vosotros” (Filip, 4, 3-9).

