La Caridad
8:10
Amor de Dios a los hombres Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su unigénito Hijo para que todo el que cree en Él no perezca, sino que tenga vida eterna (Juan 3, 16).
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros, en cambio, os he llamado amigos porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer (Juan 15, 13-15).
Como el Padre me amó, así os he amado Yo. Permaneced en mi amor (Juan 15, 9).
Venid a Mí todos los fatigados y agobiados que Yo os aliviaré (Mateo 11, 28).
Mi yugo es suave y mi carga ligera (Mateo 11, 30).
Lo que Yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás después (Juan 13, 7).
¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como la gallina a sus polluelos bajo las alas, y tú no quisiste! (Lucas 13, 34-35).
Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor expone su vida por las ovejas; pero el mercenario y el que no es pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye (Juan 10, 11-12).
Si uno tiene cien ovejas y se le extravía una, ¿no dejará en el monte las noventa y nueve e irá en busca de la extraviada? Y si logra hallarla, os aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado (Mateo 18, 13).
Tengo otras ovejas que no son de este redil, y es preciso también que Yo las traiga; y oirán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo pastor (Juan 10, 16).

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