La ley de la gravedad tira hacia abajo: los instintos tiran hacia abajo; el peso de la comodidad nos deja en el llano; solamente el empuje del motor es el que posibilita ascender a las alturas o arrastrar el convoy hacia adelante.
Si en tu vida te dejas llevar por instintos e inclinaciones, por comodidades o conveniencias, no podrĂ¡s volar a gran altura; tu vida se convertirĂ¡ en rastrera, de bajo vuelo, de muy limitada visiĂ³n, de horizontes muy recortados.
Es siempre mĂ¡s hermoso y mĂ¡s provechoso aspirar a las alturas oxigenadas que a los miasmas de los pantanos; se divisa siempre un panorama mĂ¡s cautivador desde arriba que desde ras de tierra.
Animo, y adelante, ¡siempre hacia arriba en tu perfecciĂ³n!
“Ahora puedes, Señor, segĂºn tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvaciĂ³n, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel” (Lc, 2, 29-32).
Cristo te posibilitarĂ¡ tu perfeccionamiento.
