Te quejas de que los tuyos no te comprenden: ni los tuyos, ni tus dependientes, ni tus amigos, ni los que te rodean.
Nadie te comprende; eres el gran incomprendido.
Pero quiero preguntarte dos cosas:
1º: ¿Te comprendes a ti mismo? ¿CĂ³mo pretender que los otros hagan en ti lo que tĂº mismo no alcanzas a hacer?
2º: ¿QuĂ© haces tĂº para que los demĂ¡s te comprendan?
En tu casa, en tu oficina, en tu trabajo, en tu cĂrculo de amigos, ¿quĂ© elementos presentas para que ellos te puedan comprender?
Porque no se puede exigir a nadie un imposible; y resulta imposible comprenderte si tĂº no presentas comprensiĂ³n, si no te muestras como comprensible.
DomĂnate a ti mismo antes de pretender dominar a los demĂ¡s.
Es, pues, mucho mejor que te comprendas a ti mismo y te presentes comprensible a los demĂ¡s que quejarte de no ser comprendido.
A su discĂpulo Timoteo le advertĂa San Pablo: “A un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable con todos, pronto a enseñar, sufrido…” (II Tim, 2, 24).
Ser amable con todos: este consejo de Pablo es apto para todos nosotros; entonces como ahora, en tiempos de Timoteo como en nuestro tiempo, la amabilidad capta la benevolencia de todos.
Nadie te comprende; eres el gran incomprendido.
Pero quiero preguntarte dos cosas:
1º: ¿Te comprendes a ti mismo? ¿CĂ³mo pretender que los otros hagan en ti lo que tĂº mismo no alcanzas a hacer?
2º: ¿QuĂ© haces tĂº para que los demĂ¡s te comprendan?
En tu casa, en tu oficina, en tu trabajo, en tu cĂrculo de amigos, ¿quĂ© elementos presentas para que ellos te puedan comprender?
Porque no se puede exigir a nadie un imposible; y resulta imposible comprenderte si tĂº no presentas comprensiĂ³n, si no te muestras como comprensible.
DomĂnate a ti mismo antes de pretender dominar a los demĂ¡s.
Es, pues, mucho mejor que te comprendas a ti mismo y te presentes comprensible a los demĂ¡s que quejarte de no ser comprendido.
A su discĂpulo Timoteo le advertĂa San Pablo: “A un siervo del Señor no le conviene altercar, sino ser amable con todos, pronto a enseñar, sufrido…” (II Tim, 2, 24).
Ser amable con todos: este consejo de Pablo es apto para todos nosotros; entonces como ahora, en tiempos de Timoteo como en nuestro tiempo, la amabilidad capta la benevolencia de todos.

